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Sobrecalificada para el cargo

  • Foto del escritor: Elizabeth Quiroz Contreras
    Elizabeth Quiroz Contreras
  • 5 may
  • 2 min de lectura

Hay momentos en que la vida no te rechaza… te filtra.

Ayer me dijeron algo que sonó bonito. De esos halagos que vienen envueltos en luz, pero que al abrirlos… tienen borde. “Eres maravillosa, tienes mucha luz… cualquiera que no esté enamorado de alguien más se enamoraría de ti.”


Y ahí estaba. La frase perfecta. La despedida elegante. El equivalente emocional a: “tu perfil es increíble, pero estás sobrecalificada para el cargo.”


Y qué curioso…porque en el mundo laboral eso suena casi como un cumplido. Pero en el amor… se siente como si te bajaran el precio en silencio.

Como si te dijeran: eres demasiado… pero no para mí.


Pero la verdad —la que no se dice en voz alta— es otra.

No es que yo sea demasiado. Es que hay personas que no saben sostener lo que sienten.

Que se asustan cuando algo es real. Que prefieren quedarse en lo tibio, en lo cómodo, en lo que no los obliga a crecer.


Porque amar de verdad implica presencia.Y no todos están listos para eso.

A veces no te eligen… no porque no quieran, sino porque no pueden.

Porque están ocupados en otro lugar, en otra historia, o peor… en su propia confusión.


Y ahí aparecen los amores tibios. Esos que no te toman… pero tampoco te sueltan. Los que te hablan bonito, pero no te sostienen. Los que te miran con ganas… pero con miedo.

Y el miedo… también decide.


Alguna vez me dijeron que me creía mejor que todos. Y por mucho tiempo dudé. Me hice pequeña para no incomodar. Bajé el volumen de mi luz para no parecer “demasiado”.


Pero hoy lo entiendo distinto.

No es creerse más. Es saberse.

Saberse valiosa. Saberse suficiente. Saberse incapaz de quedarse donde no te eligen con claridad.


Porque no vine a competir por un lugar en la vida de alguien. No vine a mendigar certezas disfrazadas de cariño. No vine a quedarme en vínculos que se sienten como una duda constante.


Si alguien no puede sostener lo que soy, no es mi tarea adaptarme…es su límite, no el mío.


Hoy no me rechazaron. Hoy vi el miedo del otro reflejado en una frase bonita.


Y entendí algo que me cambió el eje:

No estoy fuera de lugar…estoy fuera del rango emocional de quien no sabe amar sin miedo.

Y eso no me achica. Me libera...


Si soy demasiado, que lo sea.

Si brillo, que incomode.

Si amo, que sea entero y bonito.

 
 
 

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