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Que bonito se siente que alguien te cuide un ratito...

  • Foto del escritor: Elizabeth Quiroz Contreras
    Elizabeth Quiroz Contreras
  • 18 may
  • 2 min de lectura

Hay algo extraño cuando una lleva demasiado tiempo siendo fuerte.


Simplemente te acostumbras.


Te acostumbras a resolver, a sostener, a manejar sola de vuelta a casa, a hacerte cargo de tus emociones, de tus horarios, de tu corazón roto y hasta de tus silencios. Te acostumbras tanto, que un día olvidas cómo se siente descansar un poquito en alguien más.


Yo no me había dado cuenta de cuánto tiempo llevaba así… hasta el otro día.


No fue una película romántica. No hubo fuegos artificiales ni promesas eternas. Fue algo mucho más simple. Mucho más pequeño. Mucho más peligroso para el corazón.


Fue ternura.


Después de estar juntos, él me ayudó a vestirme.


Y parece un detalle mínimo, casi ridículo de escribir. Pero algo dentro de mí hizo silencio.


Porque no me sentí observada. No me sentí evaluada. No me sentí una competencia. No tuve que demostrar nada.


Me sentí querida.


Cuidada.


Chiquita.


Vulnerable, pero en el buen sentido. Como cuando una baja la armadura sin miedo a que le disparen. Como cuando alguien, sin decirlo, te hace sentir: “tranquila, aquí también puedes descansar.”


No recuerdo hace cuánto no me sentía así.


Tal vez demasiado.

Tal vez tanto tiempo que olvidé que también se podía querer desde la suavidad.


Porque a veces una se acostumbra a amores donde hay que esforzarse demasiado. Donde una tiene que demostrar, esperar, interpretar silencios, traducir migajas y convencerse de que quizá mañana sí.


Y de pronto aparece alguien que simplemente te abraza toda la noche.


Que se ríe contigo.


Que te acompaña.


Que después te dice: “por favor avísame cuando llegues”.


Y una maneja hasta su casa con el corazón extrañamente tranquilo y feliz.


En paz.


Y no, no sé qué será de esto. No sé si es una historia larga o una página bonita. No sé cuánto dure, ni qué nombre tendrá mañana. Pero hay encuentros que, aunque recién empiezan, ya te enseñan algo de ti.


Lo que si sé es:


Me hizo recordar algo importante.

Que yo también merezco ser cuidada.


Que no siempre tengo que ser la

fuerte.


Que también puedo ser la niñita regaloneada un rato.


Y qué bonito… qué increíblemente bonito se sintió eso.


💗

 
 
 

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