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Mujeres con brillo: tacones, cicatrices en el alma y glitter en la piel

  • Foto del escritor: Elizabeth Quiroz Contreras
    Elizabeth Quiroz Contreras
  • 12 may
  • 2 min de lectura

Hay mujeres que no caminan: desfilan por la vida.

Que no se visten: se arman, como si cada mañana fuera una batalla hermosa entre lo que el mundo espera y lo que ellas deciden ser.


Somos esa especie luminosa que sale a enfrentar el día con glitter en la piel, labios que desafían la rutina y una fe casi insolente en nuestro propio futuro.


Andamos por el mundo con tacones que suenan como campanas anunciando: “aquí va una mujer que no pide permiso”.


Y sí, ese sonido hace temblar a más de algún hombre inseguro.

Hay una inseguridad masculina que no tolera el brillo ajeno.

Los deslumbra.

Los desarma.

Los deja sin argumento frente al espejo donde ven todo lo que aún no han trabajado en sí mismos.

Entonces nos llaman “intensas”, “difíciles”, “complicadas”…

Porque es más fácil etiquetarnos que admitir que les queda grande una mujer que ilumina su propio camino.


Nosotras, las de tacón firme y corazón terco, amamos con la misma intensidad con la que bailamos: a todo volumen.


Y ahí, exactamente ahí, se nos quiebran las historias.

Porque pedimos profundidad en tiempos de distracciones, compromiso en tiempos de escape, valentía en tiempos donde muchos huyen de sí mismos.

Y aun así, incluso cuando el corazón se nos rompe —porque sí, también nos rompen, también sangramos, también caemos— seguimos viviendo.


Seguimos saliendo.

Seguimos poniéndonos ropa linda.

Seguimos caminando con glitter en la piel, aunque por dentro todavía estemos juntando pedacitos.

Porque las mujeres con brillo también lloran en silencio, se cuestionan, se derrumban por ratos. Pero algo dentro de nosotras siempre vuelve a encenderse.


Tomamos el dolor y lo transformamos en aprendizaje.

La caída en carácter.

La tristeza en profundidad.

El corazón roto en crecimiento personal.

No nos quedamos en el piso: hacemos del piso un nuevo punto de partida.


¿Y por qué no nos resultan las relaciones?

Porque no nacimos para amores tibios ni para historias a medias.

Porque cuando brillamos, mostramos también nuestras sombras, y eso asusta a quienes solo quieren versiones fáciles de amar.


Porque damos lo que exigimos: lealtad, honestidad, ganas, vértigo, ternura y verdad.

Y no todos están listos para sostener un amor así.

Las mujeres con brillo no fallamos en el amor.

Lo que pasa es que aún no llega quien se atreva a caminar a nuestro ritmo, a sostenernos la mirada sin parpadear, a celebrar nuestra luz en vez de competir con ella.


Mientras tanto, seguimos avanzando.

Tacón a tacón.

Sueño a sueño.

Brillo a brillo.

Herida a herida… sanando, creciendo, elevándonos.


Porque una mujer luminosa jamás se detiene.


El corazón roto me duró lo que tenía que durar.

El brillo… ese sí es eterno.

 
 
 

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